Hace
10000 años, en el neolítico, las tribus existentes de hombres primitivos entendían
el valor del dinero como valor de trueque. Antiguamente, todo lo que se obtenía,
se obtenía a modo de intercambio, de forma que aquel que se dedicara a la pesca
cambiaria sus presas a los que cultivaban las tierras, por ejemplo. Sin
embargo, a veces se le atribuía a un objeto en particular un valor. A eso lo
podemos establecer como premoneda.
El
valor atribuido a moneda, tal y como lo conocemos hoy en día, comienza en Grecia,
en el año VII a.C. Este valor, asignado a pequeñas piezas de metal, marcadas,
facilitó el comercio. El valor de éstas incremento debido a la expansión del
comercio gracias a la moneda, debido a que la escasez del metal precioso con el
que el que se realizaban las monedas propicio el uso del monedo fiduciario,
aquel que tiene un valor de realización menor que del que está hecho. Así
pasamos del valor al símbolo.
El
principal problema de este dinero fiduciario es que los comerciantes extranjeros
no lo aceptaban, sino que debía ser pagado con metal precioso. Así surgen las
monedas de oro y de plata para comerciar con el extranjero.
El
valor de la moneda, pasando por alto su estancamiento en la Edad Media, fue haciéndose
cada vez más grande simultáneamente al crecimiento del mercado. Con el
descubrimiento de América, la moneda y su valor obtuvieron su mayor avance.
Surge entonces el real de a ocho, de Felipe II, con un grandísimo valor intrínseco
debido al valor de los metales con las que estaba hecha.
Debido
a la inseguridad de los mercaderes para poder mover sus mercancías a buen
seguro, se comenzaron a usar otras formas de pago. Surgen así los billetes,
siendo los americanos los primeros en usarlos. Tras su uso, y el surgimiento de
los bancos, se institucionalizó esta forma de pago fiduciario.
De
esta forma y a lo largo de los años, llegamos a la actualidad con este valor
monetario.
Comentarios
Publicar un comentario