
O más bien imparcialidad vs
parcialidad. O así debería ser sobre el papel, porque la pregunta exacta que
nos debemos hacer es; ¿No son todos gabinetes de comunicación?
Cada periodista, como cada gabinete
de comunicación, defienden a una empresa, medio o partido. Esto hace que la
imparcialidad y la verdad utópica que buscan como objetivo los periodistas
acaben mojándose en las aguas en las que el medio les deja bañarse. Puesto de
otra forma, ¿os imagináis al periódico deportivo Sport, de Cataluña, admitiendo
una victoria como justa del Real Madrid, eterno rival del Barcelona, con un gol
de penalti en el último minuto de este? O, mejor dicho, ¿Os imagináis a la jefa
de gabinete de comunicación del Partido Popular de Madrid admitiendo que
Cristina Cifuentes ha falsificado su máster?
La verdad no es algo inexistente,
pero si algo interpretativo. Cada verdad, como dijo Cervantes, flota sobre la
mentira como si del agua y del aceite se tratase. Cada medio, empresa o partido
busca su propia verdad, o su propia mentira, en la que escudarse para cuidar su
imagen. La relación entre lo que “diferencia” a un periodista de medio con un
periodista de un gabinete de comunicación es que el primero no tiene esa justificación
de encubrir su propia mentira, mientras que el segundo tiene esa justificación de
deber con su propia empresa o partido sin tener en cuenta esa responsabilidad
social que el medio debe tratar de tener.
Pero eso, claro, siempre sobre el
papel.
Comentarios
Publicar un comentario